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miércoles, 19 de julio de 2017

Decapitated : Anticult (2017)


En 2004, con la salida de The negation, los polacos Decapitated se consolidaban como una realidad potente dentro del death técnico, cierto giro comenzó a evidenciarse en Organic hallucinosis (2006) pero fue el lamentable accidente de 2007 y la muerte de Witold "Vitek" Kieltyka (baterista y creador junto a su hermano Waclaw "Vogg" Kieltyka de la banda) aquello que evidentemente marcó un punto de no retorno para la agrupación, la cual hoy funciona más bien como un proyecto en solitario de Vogg en lugar de un colectivo creativo. El retorno en 2011 con Carnival is forever así lo hizo ver y las dos entregas posteriores han refirmado aquel camino, el de un metal mucho más cercano al groove de Sepultura y en general más simple en términos compositivos, con estructuras reconocibles y un sonido tan violento como directo. Nada de lo mencionado por cierto debería mover a engaño: Anticult es, en lo suyo, un gran disco, solo que deja la sensación de solo ser "un (muy buen) disco más". 

A destacar el que sean solo ocho canciones. Insisto en la idea de que los buenos discos de música extrema no deberían sobrepasar dicha cifra, más de 50 minutos de complejidad (en cualquier estilo dicho sea de paso) solo produce redundancia. El caso es que Anticult al ser un trabajo preciso logra apuntar a la médula con cada una de sus piezas, comenzando por 'Impulse', seis minutos que entran de a poco, con una intro oscura e instrumental como era de esperar para luego incorporar cambios estructurales, bastante velocidad y gancho. 'Impulse' posee elementos progresivos interesantes, sin embargo, esta dará paso esta a una seguidilla de temas que funcionan en una linea bastante monotemática entre si, es decir, un metal absolutamente desenfrenado y bestial, ni más ni menos. Ahí 'Deathvaluation', 'Kill the cult', 'Anger line' o 'Earth scar' no regalan segundo de tregua con un blast beat incesante, interpretaciones vocales notables por parte de Rafael "Rasta" Piotrowski y guitarras afiladísimas que mantienen vivo el legado del eterno Dimebag Darrell. Cabe destacar acá la producción del álbum que permite disfrutar del sonido a mucho gusto marcando un importante punto a favor. 

Algunos matices en términos de dinámica y estructura marcaran 'One-eyed nation', 'Never' o el exquisito cierre instrumental a cargo de 'Amen', pero nada fundamental, las cartas acá han sido lanzadas sobre la mesa, estamos frente a un muy buen álbum de metal inyectado directo a la vena pero que aleja definitivamente a la banda de las lineas experimentales y técnicas de sus inicios. 

3.5 // Muy bueno!

domingo, 16 de julio de 2017

20 Años De... The Cure : Wild Mood Swings (1996)


(21 en realidad, pero que más da!)

Debería crear una nueva categoría en mi blog, la de los "discos despreciados". Y es que, ¿habrá algún grande de la música que no tenga uno de aquellos álbumes en sus filas? Aquel disco odiado en su momento por fans y/o crítica y, con el paso del tiempo, ignorado incluso por la propia banda. Ciertamente los años noventa se prestaron para lanzar "bichos raros", fue una década en donde la experimentación estuvo permitida y los fantásticos The Cure no quisieron ser menos realizando malabares en el aire sin malla de protección bajo ellos. El resultado fue injustamente crucificado, calificado de comercial y vacío. El caso es que el mundo no le perdonó a Robert Smith que, tras un álbum como Wish (1992), decidiese sonreír. Y es que los íconos de la tristeza y la melancolía no tienen derecho a ser felices ni a sonar livianos, no?  

Cabe reconocer el que la banda colaboró con la tirria que muchos le agarraron a Wild mood swings al decidir trolear a sus fans con 'The 13th', la extraña pero fascinante carta de presentación con que contó el álbum. Debemos recordar que veinte años atrás el mundo de la música era otro. Las aguas no se movían como en la actualidad, donde las bandas presentan sus discos a goteos adelantando una canción cada dos semanas vía YouTube. No. En los noventas el single llegaba con bastante anticipación al lanzamiento del álbum, el tema rotaba en canales de videos, en radios y aquello era todo lo que teníamos por tres o cuatro meses. De ahí que una canción donde sonaban trompetas e incorporaba ritmos latinos en su sonido, eso además de contar con una letra juguetona que entregaba un carisma inédito a un alegre Robert Smith (?), dejase a muchos en modo poker face. ¿Es que el nuevo álbum de The Cure será un disco de bachata? - se preguntaron espantados algunos. Lo cierto es que el adelanto promocional del nuevo álbum de The Cure exigía cierta apertura de mente. Pronto descubriríamos que, si bien 'The 13th' es la única canción que coquetearía con el cha cha cha, otras también se moverían en los mismos tonos optimistas.


El título del álbum ('Salvajes cambios de ánimo') me parece resume de manera perfecta el constante vaivén que nos encontramos en los catorce temas que lo componen. El principal ingrediente del disco es el optimismo, de eso no hay duda, ahí temas como 'Mint car' ("El sol está arriba, estoy tan feliz que podría gritar..."), la romántica 'Strange atracttion', 'Round, round & round' o 'Return' se enmarcan (junto a 'Friday I'm love' por supuesto) entre lo más dulce y alegre que ha compuesto Robert Smith en toda su carrera. 

Sin embargo, junto a estas conviven ciertas alusiones al mundo de las adicciones, excesos y la depresión, en esa linea funcionan la extraordinaria 'Want' (una de las canciones más viscelares en la carrera de The cure), 'Gone' , la contundente 'Club America' o 'Numb' ("Cansado de todo eso, irremediablemente hecho pedazos, él finalmente cae..."). Todo este ir y venir es amenizado (?) por una serie de baladas marcas de la casa, como 'This is a lie', 'Jupiter crash', 'Treasure' o 'Bare', cada una de ellas impecables y embalsamadas de melancolía.

Quizás el principal fallo con que cargó Wild mood swings fue el de proyectar cierto grado de confusión en su linea compositiva. El álbum danza entre temas densos y otros en exceso livianos, los cambios son bruscos y aquello probablemente no acabó de convencer a gran parte de los auditores. Sin embargo, dejando los prejuicios fuera, me parece que el puñado de canciones que The cure acá entregó funciona, el experimento se deja escuchar sin problemas y nos regaló de paso canciones únicas en la discografía de la banda. A más de veinte años de su lanzamiento vale la pena volver a darle una oportunidad a un disco que brilla por su singularidad. 

4.0 // Excelente!

lunes, 10 de julio de 2017

Stone Sour: Hydrograd (2017)


Entre matrimonio y amante se ha estado moviendo Corey Taylor durante la última década. Y es que cuando todo pareció indicar que la llama de Slipknot se había consumido por completo (digamos, pasando 2008), el destacado vocalista decidió volcar sus energías sobre su proyecto de hard rock melódico, es decir, Stone Sour. En ese contexto que llegaron a nosotros los volúmenes 1 & 2 de House of gold and bones (en 2012 y 2013 respectivamente), los cuales entregaron uno que otro momento agradable pero siendo francos, más allá de poder disfrutar del tremendo desplante vocal de Taylor, el asunto no llego. El caso es que tras cuatro años de silencio vuelve Stone sour , precedido (¡era que no!) de una serie de declaraciones en donde el buen Corey aseguraba estaríamos frente a su mejor álbum desde el debut de Slipknot , lo cual, evidentemente no ha ocurrido...

Tiene sus momentos este Hydrograd, sin embargo, continúa pecando en su falta de sorpresa. Stone sour es Corey Taylor deambulando constantemente en el agresivo/melódico, enmarcando su música en estructuras tradicionales (estrofa/puente/coro), y de ahí no sale. Funcionan los aires a Metallica con que cuenta 'Taipei person /Allah tea', la oscuridad de 'Knievel has landed' o 'Hydrograd' (la canción), probablemente mi favorita álbum, pero entrando en el cuarto o quinto tema la verdad es que el álbum se entrampa en un rock & roll predescible y que pese a su diversidad (se suceden temas muy veloces como 'Fabuless' con medios tiempos agradables como 'The witness trees'), la sensación que tengo todo el tiempo es la de estar frente a un disco trabajado en un laboratorio. 

El sexto álbum de Stone sour no está mal, nos deja dos o tres canciones destacadas más un puñado de correctas melodías, en términos individuales superar a cualquiera de los dos anteriores discos de la banda pero en el global continúa sin sostenerse completamente, eso además de reiterar lugares comunes una y otra y otra y otra vez...

3.0 // Bueno, cumple.

Otras reseñas de Stone Sour:

viernes, 7 de julio de 2017

Roger Waters : Is This The Life We Really Want ? (2017)


Si hilamos fino y analizamos lo ocurrido con Pink Floyd (o sus restos) en la etapa post The wall (1979), me parece no existe comparación alguna entre lo realizado por Roger Waters y David Gilmour. Mientras este último prácticamente no ha parado de crear y regalarnos momentos tras momentos, Waters se dedicó durante tres décadas a vivir del recuerdo, a jactarse de su condición (auto impuesta) de genio (?) y discursear verborrea política por distintos lugares del mundo. Pero de música, poco y nada. De hecho, cuando se le acabaron las palabras comenzaron las giras forzadas de aniversario (Dark side of the moon y The wall), y los intentos descarados de reunir a Pink Floyd unicamente con fines comerciales. Agradezcamos el que David Gilmour conoce la palabra dignidad, ya que, si de Waters unicamente hubiese dependido, seguramente la marca Floyd habría sido prostituida al nivel de lo realizado por Brian May y Roger Taylor con Queen

De mi párrafo inicial se desprenderá la idea de que Roger Waters no es un personaje que me resulte particularmente agradable, sin embargo, nobleza obliga: su nuevo disco es extraordinario. Y no hay más. ¿Qué recurre al auto plagio en varias ocasiones? Claro. ¿Qué hay temas que utilizan elementos Floyd casi en un copiar/pegar? Si. Pero seamos francos, ¿vamos a negar que la música hoy en día no es más que un constante refrito de ideas desarrolladas en el pasado? Y en esa linea, Waters no ha hecho más que recurrir a lugares comunes de su ex banda, condimentar con reflexiones actuales y dotar a la música de su clásica teatralidad para entregar así un producto que se mueve entre el soberbio y el notable todo el tiempo.

Nos encontramos así frente a un disco de tono tranquilo, a ratos dulce, a ratos triste y a ratos rabioso. El caso es que en todo momento funciona. Abre muy abajo en revoluciones con la preciosa 'Deja vu' + 'The last refugee' para luego explotar con la fantástica 'Picture that', el primer momento rock del álbum, el primero también que inevitablemente lleva a pensar que junto a la guitarra y voz de David Gilmour esto podría haber abarcado proporciones históricas. Bajará el álbum (las revoluciones, no el nivel) nuevamente con las acústicas 'Broken bones' + 'Is this the life we really want?' (la canción) para luego abrazar la psicodelia en 'Bird in a gale'. En la recta final aparecerá la dulzura de 'The most beautiful girl' seguida por los teclados + bajo que marcan la pasada por 'Smell the roses', otro momento absolutamente brillante del disco, para cerrar este viaje en calma con 'Wait for her' y 'Part of me died'. 

Veinticinco años se tomó Roger Waters para entregar un trabajo inédito. Tal parece que el escenario mundial actual, elección de Donald Trump incluida, lo han motivado finalmente para dar que hablar desde lo musical, lo cual en lo personal me pone feliz, creo que la figura de Waters se merecía un álbum de este nivel, un disco que lo vuelve a re ubicar como un compositor relevante. Is this the life we really want?, por su nivel tanto lírico como musical estará sin ninguna duda entre lo mejor que oiremos en este 2017, y ojo que lo afirma un declarado "no fan" del artista. 

4.0 // Excelente !

viernes, 30 de junio de 2017

Alt-J : Relaxer (2017)


En ocasiones las expectativas impiden ver el bosque, y algo así es lo que puede que esté ocurriendo con Alt-J. Y es que claro, cuando te hablan de estar frente a "los sucesores de Radiohead" (algo que por cierto también se dijo en su momento de bandas como Arcade fire, por mencionar una), inevitablemente las expectativas frente al sonido de este trío cambian. El tiempo dirá si daba para tanto, lo cierto es que como suele ocurrir en todo, el asunto no es ni tan blanco ni tan negro como algunos intentan hacer ver y tal parece que los mismos Alt-J han intentado con su tercer álbum aterrizar un tanto el asunto entregándonos un disco corto y preciso, que en tan solo ocho canciones y media hora de duración (nos olvidamos esta vez de los interludios innecesarios que adornaron sus anteriores trabajos) busca dar muestras del momento creativo que los ingleses atraviesan.

Relaxer tiene sus momentos, algunos de ellos rememoran su debut de 2012, como es el caso de 'In cold blood', 'Deadcrush' o 'Hit me like that snare', que se mueven entre percusiones muy presentes, teclados y los clásicos juegos vocales de la banda, mientras que otros nadan sobre la calma absoluta, ahí la declaración de amor que es '3ww' funciona a la perfección, así como la preciosa 'Adeline' (la mejor del álbum para quien escribe). Completan el cuadro una irreconocible 'House of the rising sun' (el clásico de 1964 de los Animals) y dos que honestamente bastante poco aportan en el cierre, me refiero a 'Last year' y 'Pleader'. 

El álbum funciona porque es corto y posee pasajes agradables, eso es innegable, sin embargo, este Alt-J sin aderezos deja la sensación de que comienza a perder fuerza, se agradece el que entregasen un disco más directo que el anterior pero aquella maravilla que varios anticipaban venir me parece disco a disco ha acabado quedando en un espejismo más que otra cosa. Se confirma por tanto que Radiohead hay, y siempre habrá ,uno solo.

3.0 // Bueno, cumple.

Otras reseñas de Alt-J:
2014 // This is all yours

sábado, 24 de junio de 2017

Solstafir : Berdreyminn (2017)


El quinto álbum de Solstafir, Otta (2014), fue un trabajo fantástico que sacó a los islandeses del anonimato. No faltarán seguramente aquellos sesudos puristas que frente a mi afirmación exclamarán molestos un "¡Ey, yo los conocía desde antes! ¡Desde el Masterpiece of bitterness o Kold!". Y si, que bueno por ti. Pero no nos engañemos, el antes/después, le guste a quien le guste... lo marcó Otta, un disco que bajó las revoluciones respecto a trabajos pasados y se enfocó en un sonido marcado por la generación de intensos ambientes. Tres años más tarde, la banda regresa en una linea similar con un álbum denso, espeso y que se cuece a fuego lento pero que sin duda hilando fino encuentra más de algún momento notable.

Se ha comentado pero lo reiteraré, el que Solstafir se manifiesten en su lengua materna (lo que no ocurre con otros islandeses como Of monsters and men o Bjork, pero si con Sigur ros), en este caso se vuelve una ventaja pues, al no comprender una palabra de lo que los tipos comunican, estamos obligados a centrarnos en las estructuras, instrumentalizaciones e interpretaciones, siendo todos estos precisamente los fuertes de la banda.

Hablando de la música en si misma. 'Silfur-refur' abre y declara intenciones de la mano de siete minutos que van directo al alma de la banda, deambulando entre muros de guitarras y una desgarrada interpretación. La partida es notable. Más dinámica es 'Isafold', que abre con un bombo que marca el paso para ir creciendo poco a poco hasta encontrar en sus dos minutos finales esa alza de intensidad característica de la banda (esta estructura se repetirá bastante a lo largo del disco), de igual forma en la absoluta calma del teclado que controlan la melodía de 'Hula', Solstafir vuelven a mostrar de que están hechos: emocionalidad pura. En el nudo del álbum nos encontramos con 'Naros' y 'Hvit saeng', dos que funcionan en la misma dirección, armando paisajes de calma para luego encontrar una serie de explosiones, mientras que llegando al cierre aparece la joya escondida de Berdreyminn, me refiero a 'Ambatt', ocho intensos minutos que por si solos ya valen este álbum.

Solstafir han encontrado una fórmula y se muestran cómodos en ella. En lo suyo continúan regalando paisajes y arreglos que conmueven aunque, buscándole la quinta pata al gato, habría que mencionar el que en esta ocasión me parece se han vuelto algo predecibles, lo cual algo le resta a un disco que de todas maneras se encuentra por sobre la media. 

3.5 // Muy bueno!

Otras reseñas de Solstafir:

martes, 20 de junio de 2017

Adelantos : Arcade Fire


Tras un excesivo Reflektor (que de todas maneras dos o tres joyas nos dejó) , los canadienses de Arcade Fire vuelven a la carga. Lo hacen mediante dos singles potentes, que por si solos abren el apetito. 'Everything now' se mueve sobre guitarras acústicas y teclados, rememorando un tanto ese sonido que tan buenos créditos dejó a la banda en The suburbs (2010) mientras que 'Creature comfort' se lanza a la electrónica mediante una melodía tan repetitiva como explosiva. El caso es que, dada la diversidad que muestran ambos temas, todo parece indicar que la banda no pretende estancarse, lo cual siempre huele bien. 

Como sea, esto promete, y agosto comienza a transformarse en el mes más esperado del año...